Cronistas

Origen / Domesticación / Chaccu y Costumbres / Leyenda y Literatura


Cacería de vicuñas en vaso de cerámica Nasca.
© Museo Amano

Quipu imperial con algunas cuerdas de fibra de camélidos.
© Museo Larco Hoyle

Para valorar la presencia e importancia histórica de los camélidos hemos recopilado los siguientes textos de nuestros principales cronistas:

Pedro Cieza de León  (1518-1554) en Crónica del Perú de 1553, capítulo CXI:

“[...] Porque por vía ninguna estos indios, digo los serranos del Perú, pudieran deste ganado, ó de otro que les diera el provecho dél sacan; el cual es de la manera que en este capítulo diré.

[...] Por lo cual el dador de los bienes, que es Dios, nuestro Sumo Bien, crió en estas partes tanta cantidad del ganado que nosotros llamamos ovejas, que si los españoles con las guerras no dieran tanta priesa á lo apocar, no había cuento ni suma lo mucho que por todas partes había [...] Llaman los naturales á las ovejas llamas y á los carneros urcos. Unos son blancos, otros negros, otros pardos. Su talle es, que hay algunos carneros y ovejas tan grandes como pequeño asnillos, crecidos de piernas y anchos de barriga; tira su pescuezo y talle á camello; las cabezas son largas, parecen á las de las ovejas de España. La carne deste ganado es muy buena si está gordo, y los corderos son mejores y de más sabor que los de España. Es ganado muy doméstico y que no da ruido. Los carneros llevan á dos y á tres arrobas de peso muy bien, y en cansando no se pierde, pues la carne es tan buena [...] Otro linaje hay deste ganado, a quien llaman guanacos, desta forma y talle, los cuales son muy grandes, y andan hechos montetes por los campos manadas grandes dellos; y á saltos van corriendo con tanta ligereza, que el perro que los ha de alcanzar de ser demasiado ligero. Sin estos, hay asimesmo otra suerte destas ovejas ó llamas, á quien llaman vicunias; estas son más ligeras que los guanacos, aunque más pequeñas; andan por los despoblados, comiendo de la yerva que en ellos cría Dios. La lana destas vicunias es excelente, y toda tan buena, que es más fina que la de las ovejas merinas de España. [...] Otro género hay de ganado doméstico, á quien llaman pacos, aunque es muy feo y lanudo; es del talle de las llamas u ovejas, salvo que es más pequeño.”

En el capítulo CXIV:

“[...] Para texer sus mantas tienen sus telares pequeños; y antiguamente, en tiempo que los reyes Ingas mandaron este reyno, tenían e las cabezas de las provincias cantidad de mujeres, que llamaban mamaconas, que estaban dedicadas al servicio de sus dioses en los templos del Sol, que ellos tenían por sagrados, las cuales no entendían sino en texer ropa finísima para los señores Ingas, de lana de las vicunias; y cierto fué tan prima esta ropa, como habrán visto en España por alguna que allá fué luego que se ganó este reyno. Los vestidos destos Ingas eran camisetas de estas ropas, unas pobladas de argentería de oro, otras de esmeraldas y piedras preciosas, y algunas de plumas de aves; otras de solamente la manta. Para hacer estas ropas tuvieron y tienen tan perfectos colores de carmesí, azul, amarillo, negro y de otras suertes, que verdaderamente tienen ventaja á las de España.”

Inca Garcilaso de la Vega  (1539-1616) en Comentarios Reales, libro VI, capítulo VI:

“Para saber las cabeças que havían muerto y las que quedavan vivas, para ver en la cacería venidera lo que se había multiplicado.

La lana de los huanacus, porque es lana basta, se repartía a la gente común; y la de la vicuña, por ser tan estimada por su firmeza, era toda para el Inca, de la cual mandava repartir con los de su sangre real, que otros no podían vestir de aquella lana [...]. También daban della por privilegio y merced particular a los curacas [...]. La carne de los huanacus y vicuñas que matavan se repartía toda a la gente común, y a los curacas daban su parte [...] Estas cacerías se hazían en cada distrito, de cuatro en cuatro años, dexando pasar tres años de la una a la otra, porque dizen los indios que en este espacio de tiempo cría la lana de la vicuña todo lo que ha de criar, y no la querían tresquilar antes por que no perdiesse de su ser, y también lo hazían porque todo aquel ganado bravo tuviesse tiempo de multiplicar y no anduviesse tan asombrado como anduviera si cada año lo corrieran, con menos provecho de los indios y más daño del ganado. Y por que no se dexasse de  hazer la cacería cada año [...] tenían repartidas las provincias en tres o cuatro partes o hojas, como dizen los labradores, de manera que cada año caçavan la tierra que había holgado tres años.

Con este concierto caçavan los Incas sus tierras, coservando la caça y mejorándola [...]. Porque dezían que se había de tratar el ganado bravo de manera que fuesse tan de provecho como el manso, que no lo había criado el Pachacámac o el Sol para que fuesse inútil. ”

Bernabé Cobo (1582-1657) en Historia del Nuevo Mundo, libro XII, capítulo XXIX:

“[...] Era este ganado manso las llamas una de las mayores riquezas que los indios tenían [...] Trasquilabase á su tiempo el ganado, y daban á cada uno á hilar y texer su ropa para hijos y muger, y habia visita si lo cumplian, y castigo al negligente […] la lana de ganado de la comunidad se repartía entre la gente del pueblo, dando a cada uno la cantidad que había menester tasadamente para sí y para su mujer e hijos [...]

También estaban amojanados los cazadores y cotos de ganado bravo y silvestre como era guanacos, vicuñas y venados, que en lo demás que suele ser dañoso no había prohibición.

Ítem hizo el Inca todos los cazaderos realengos y propios suyos, de manera que ninguno podía cazar e ellos sin licencia suya o de sus gobernadores, la cual se les daba a tiempos para cantidad limitada, conforme a la necesidad que había; y también les estaba prohibido matar hembras, y según la orden que ellos tenían en el cazan con Chacos y podían muy bien cumplir con lo uno y con lo otro”

De igual forma, son testimonio las ilustraciones de Felipe Guamán Poma de Ayala (1534-1615):






Nota de la ilustración 877: [Cuando al pobre viejo le quieren quitar su llama para que pague tributo] “Manam tazayoccho cani. Pasasca machum. Chacrayca, uacica, llamayca machypa yayaypasaquiscanmi. Testatementopi saquiuaca” (“No soy tasable. Ya soy viejo pasado. Mis campos de cultivo, mi casa y mi llama, me las dejó mi padre viejo, me dejó estas cosas en testamento”)

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