vicuñas corriendo

La fibra de vicuña, el “oro” andino que beneficia a unas 200 familias

A 4.200 metros sobre el nivel del mar, seis grupos de comunarios se han ubicado, en forma estratégica, por lomas y serranías con el objetivo de arrear a la mayor cantidad de vicuñas hacia la manga de captura que un día antes han instalado ellos mismos. Se trata de al menos medio centenar de pobladores de seis comunidades del municipio de Cocapata, en Ayopaya, a 124 kilómetros de Cochabamba, entre hombres y mujeres, quienes se han organizado para la primera esquila de la fibra de vicuña, la más cara del mundo y que se emplea en la confección de trajes cuyo precio sobrepasa los 30 mil dólares. La región de Altamachi es la única zona de Cochabamba que tiene este camélido y su aprovechamiento beneficia a 200 familias de seis comunidades, puntualiza el presidente de la Comunidad Manejadora de Vicuñas, Paulino Caspa. En el país, las comunidades beneficiarias son 80, en cinco departamentos, y siguen sumando, afirma el presidente de la Asociación Accidental para la Comercialización de Fibra de Vicuña, René Paca. Esta fibra es tan fina y valiosa que los comunarios de las zonas donde habitan las vicuñas la denominan el “oro andante en el Altiplano”, afirma. Sin embargo, capturar a este noble y fino animal, de grandes ojos, no es una tarea fácil. Su agilidad y su velocidad para emprender la huida (50 kilómetros por hora) le permite ponerse a buen recaudo cuando presiente el peligro o si una persona se acerca demasiado a ella. Esta velocidad, además de su habilidad de salvar obstáculos de hasta dos metros de altura, hacen de este animal andino una presa difícil de capturar. En Altamachi, la captura y esquila de la fibra de la vicuña se realiza desde 2012. En esa primera experiencia se logró obtener seis kilos. La última vez, en 2015, el volumen se incrementó hasta 17.3 kilos, que sigue siendo mínimo si se toma en cuenta la producción nacional, de 2.5 toneladas ese mismo año. La recompensa a este esfuerzo que realizan los comunarios es importante: cada kilo de la fibra se vende a empresas del exterior a 400 dólares. De cada cinco vicuñas se obtiene un kilo. LA CAPTURA Y ESQUILA Para atrapar a estos escurridizos camélidos, y obtener su fibra, se requiere de un trabajo de preparación, con días de anticipación. Un día o dos antes de la esquila se arma la manga de captura, con bolillos de madera y redes largas. En el caso de Altamachi, se aprovecha una cuenca en medio de las serranías, donde se prepara el espacio al que se arreará y concentrará a las vicuñas. Cavar hoyos en la tierra, colocar bolillos de madera y armar la red en una extensión de más de dos kilómetros, después de haberla trasladado por un par de lomas, es una labor que deja exhausto hasta al más fornido. Una vez que se ha preparado la manga y el corral de captura, los comunarios se retiran a sus hogares para descansar. Al día siguiente, a partir de las ocho de la mañana, antes de que los grupos de comunarios se dirijan a sus puntos designados, se realiza una q´oa ( tributo a la Madre Tierra), para solicitar permiso por la esquila y pedir que se logre capturar a la mayor cantidad posible de ejemplares. En este ritual participan el alcalde de Cocapata, Darío Cabrera Villarroel, representantes del Ministerio de Medio Ambiente y Agua, técnicos de la Gobernación de Cochabamba y de la Alcaldía de Cocapata y los comunarios de las seis comunidades involucradas en la tarea. Uno por uno, los participantes van echando alcohol alrededor de la q´oa para ch´allar (ritual andino). Desde las alturas, las vicuñas, como si presintieran que están a punto de ser capturadas observan y, en menos de cinco segundos, desaparecen en veloz carrera, hacia lugares poco accesibles para los comunarios. Las personas que se han organizado una noche antes se dirigen a las lomas. En años anteriores, el número de comunarios sobrepasaba el centenar, pero, en esta primera esquila de 2017 no hay más de cincuenta. Los diferentes grupos se comunican mediante radios para sincronizar cada paso que dan en busca de las vicuñas y su arreo correspondiente. Casi al promediar las 10 de la mañana se emite la primera alerta. Tropillas de entre 8 y 15 vicuñas intentan escapar del asedio de los comunarios. Algunos de estos camélidos aprovechan los resquicios que se han dejado en algunos sectores para huir. Unas 30 vicuñas no corren con la misma suerte y entran a la manga de captura. Son arreadas hasta una jaula en forma circular, de aproximadamente cinco por cinco metros. Seis comunarios resguardan el ingreso y otros más se colocan por detrás para evitar que los asustados animales escapen. Los minutos que deben esperar para la esquila se hacen interminables. Algunas vicuñas que están más fatigadas y nerviosas empiezan a dar brincos para saltar la malla y escapar. Cuatro de ellas logran su objetivo. Saltan la malla de la jaula de captura, que tiene dos metros, y, en medio de la desazón de los comunarios, trepan una serranía colindante. Se alejan de la manga. Uno de los comunarios comenta que acaban de perder por lo menos 400 dólares con la fuga de estas vicuñas, lo que cuesta un kilo de su fibra. No se puede esperar más. Los animales están impacientes y hay el riesgo de que escapen más. Dos comunarios entran a la jaula, junto con técnicos del municipio de Cocapata y de la Gobernación de Cochabamba, y sacan, uno por uno, a los camélidos, los acomodan sobre una lona azul, les colocan los capuchones en la cabeza y empieza la esquila. A diferencia de otros países, donde se utilizan máquinas para la esquila, en Bolivia se sigue empleando tijeras. El tiempo para sacar la fibra de un animal oscila entre 15 y 30 minutos. De cada uno se obtiene 250 gramos, como promedio. Si se emplearía las máquinas de cortar, el tiempo de la esquila se reduciría a 10 minutos y se lograría aprovechar más fibra, señala el responsable de Conservación de Zonas de Vida de la Gobernación de Cochabamba, Omar Osco. En los momentos de mayor trajín se esquila simultáneamente a una decena de vicuñas, para lo cual se necesita como mínimo a 30 personas, dos hombres que sujetan al animal y una mujer que debe ser hábil en el manejo de las tijeras para sacar de una sola pieza la fibra de este animal. Esta tarea tampoco es fácil. La vicuña, que todavía sigue asustada, pese a que tiene un capuchón negro en la cabeza, patea con fuerza hasta el punto de hacer caer a la persona que esquila. Se necesitan refuerzos. Un comunario más agarra al animal y se lo controla. En algunos casos, dos o tres mujeres se dedican a esquilar a una vicuña, por su tamaño o porque está ya muy fatigada. Una vez que se ha terminado de esquilar a un ejemplar, se llama al encargado de colocar los aretes para identificar a los que se les sacó la fibra. Este material, unos cinco kilos en la primera esquila de 2017, en Altamachi, se guarda en una bolsa de plástico, con los datos de la vicuña, y se lo coloca en una bolsa más grande para el pesaje final. A la vicuña esquilada se la traslada hasta la jaula de captura, junto con las que esperan todavía su turno. Pero, en algunos casos, excepcionalmente, se las libera antes para que no alboroten a las demás. Osco afirma que no es muy conveniente liberarlas antes, sin su grupo, porque podrían perder a su clan familiar al que pertenecen. Cada macho tiene entre dos y cinco hembras y sus crías. Una vez que se termina la esquila, cerca de la una de la tarde, el grupo que queda en la jaula de captura es liberado. Las personas que custodian el lugar se retiran del ingreso. Las vicuñas ven, en un primer momento con desconfianza su libertad y, después de unos 10 segundos salen en galope. Se pierden en las serranías, hasta que su fibra vuelva a crecer y estén listas para ser esquiladas de nuevo. Arriba, en la parte más alta de las lomas, los machos que han logrado escapar antes se reúnen con sus clanes familiares. Los comunarios, por su parte, comparten una comida: grandes papas y carne de llama que ha sido cocinada bajo la tierra. En altura La vicuña vive en lugares de altura, entre los 3.300 y 5.000 metros sobre el nivel del mar, en la zona andina de Bolivia, Perú, Chile, Argentina y Ecuador. FUENTE: Opinión

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